Lo que he aprendido en la primera semana de NaNoWriMo

Este año he decidido participar en el NaNoWriMo, esa espinita que tengo clavada después de que el único año en que intenté participar acabase en un rotundo fracaso. En parte, la culpa de que haya decidido participar ha sido del LMDEinktober, que me devolvió el hábito escritor y las ganas de entrar «en faena», por así decirlo. De hecho, desde la Maldición del Escritor también se están picando con el NaNoWriMo y es genial :).

Por si acaso alguien no está muy metido en este mundillo y no sabe qué es exactamente el NaNoWriMo, en resumen se trata de un reto que transcurre durante los 30 días del mes de noviembre y consiste en escribir 50.000 palabras en ese intervalo de tiempo.

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Yo llevo participando ya siete días (hoy es el octavo, pero todavía no he empezado a escribir) y parece mentira lo que se puede reflexionar sobre la escritura en una simple semana. Tal vez no estéis de acuerdo con mis reflexiones, tal vez sí, o tal vez incluso os hagan pensar y sacar vuestras propias enseñanzas. Sea como sea, me gustaría compartirlas y también leer lo que vosotres tengáis que decir al respecto.

1. Es importante conocer tu método de trabajo

Como escritora novel, todavía no tengo muy claro mi método de trabajo. Leo y escucho muchos consejos al respecto, pero opino que no hay nada mejor que ponerse manos a la obra (o manos al teclado, en este caso) para conocerse uno mismo.

De esta primera semana de NaNoWriMo he concluído que no, la locura de la brújula no va conmigo. Yo trabajo mejor con un mapita, gracias. Aún así, creo que no me está yendo del todo mal sin haber tenido tiempo de planear apenas durante octubre.

2. Compararse con los demás puede ser bueno

Las comparaciones son odiosas, o eso dicen. Es cierto que ver a esas personas maravillosas de tus writing buddies alcanzar cifras estratosféricas mientras tú vas con el agua al cuello puede hacer que te compares con ellos para mal, pensando cosas como «yo voy fatal» o «ellos sí que valen y no como yo».

Pero somos conscientes de que ese tipo de pensamientos son contraproducentes. Es inevitable tenerlos, puede ser, pero sabemos que hay que desecharlos.

En mi caso, me funciona darles la vuelta y pensar «mira cuánta gente está logrando escribir mucho este mes, ¿por qué no iba a poder yo también?».

Además, es maravilloso cuando cuentas con gente que también está participando en el NaNoWriMo en tus redes. Aunque sea a base de algún tuit de apoyo o un simple «me gusta», sienta genial y anima a continuar.

3. Hay días malos, pero se pueden recuperar

No podemos pretender escribir durante 30 días seguidos más de 1.500 palabras y que ningún día salga mal. Bueno, no sé, quizá hay alguien por ahí que es capaz, pero yo no. Siempre puede pasar algo: un día te encuentras mal, tienes otras obligaciones o, simplemente, por más que intentas escribir, no es el día.

No pasa nada.

Durante esta primera semana de NaNoWriMo mi participación ha sido muy inestable. Para que os hagáis una idea, os dejo mis cifras aquí abajo. Hubo un día en que estuve tan ocupada que escribí 0. Literalmente ni me senté a escribir.

Sin título

Los días malos se recuperan. Hay altibajos y es normal. Pero, a pesar de todo, ahora estoy en «números verdes». Porque se trata de proponérselo y encontrar la motivación y, sobre todo, de saber que habrá días que compensen los días malos. Y no venirse abajo.

4. Encuentra tu motivación

Hay personas en Twitter que se están picando para ver quién de elles escribe más. Es una manera de escribir, pero no es la única. A mí, por ejemplo, no me funciona.

Durante estos días, principalmente durante la remontada que hice el día siete, me di cuenta de lo que a mí me funciona: enfrentarme a mi propio orgullo. Me explico. Cuando digo en Twitter «hoy voy a llegar a x palabras» o algo similar, después me siento «obligada» a cumplirlo porque dije que lo haría y mi cabezonería me impulsa a ello.

Pero, como digo, no a todo el mundo le sirve el mismo método. Mi consejo es buscar qué te impulsa: autosuperarte, superar a otros, marcarte objetivos pequeños a corto plazo, ponerte recompensas por cada x palabras… ninguna es mejor ni peor, basta con que te ayuden a escribir.

 


Y estas serían mis reflexiones de la primera semana del NaNo. Como veis, de momento lo llevo bastante bien en cuanto a número de palabras. Espero poder seguir así y declarar, al final del mes, que he ganado un NaNoWriMo.

Si estáis participando, os deseo muchísimo ánimo.

¡Gracias por pasar por el blog!

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Mini crónica del #LMDEinktober

Ya está, se acaba octubre, y con él se acaba el #LMDEinktober. Ha sido complicado escribir un microrrelato cada día, pero ha valido la pena. Ha sido divertido, desafiante y ha exigido una constancia que necesitaba desde hacía tiempo. Pero, sobre todo, me ha permitido conocer a muchas personas con un talento increíble.

Por desgracia, no he sido capaz de leer todos y cada uno de los microrrelatos que han entrado al concurso (todo mi respeto a Lulu y Rafa por ser capaces de hacerlo). Sin embargo, he decidido hacer una pequeña selección para dejar constancia de lo maravilloso que ha sido el concurso y, qué narices, porque aquí hay mucha gente que merece ser leída. Ha sido MUY difícil hacer una selección, porque me han gustado muchísimos relatos, pero alguno había que dejar fuera (de nuevo, todo mi respeto a Lulu y Rafa).

Nota: En esta selección no incluyo ganadores ni micros de Facebook (ya que solo leo Twitter). La selección es absolutamente subjetiva (lo que no quita que sean relatos maravillosos).

Bajo el agua, por @NahiDiosdado
4 Bajo el agua, NahiDiosdado

Bajo el agua y Destrozado, por @NoWifi_NoParty

 

Espada, por @Epachecoz11
6 Espada, epachecoz11

Espada y Tímido, por @LuverC

 

Chillido, por @Jenmoraz
9 Chillido, jenmoraz

Correr y Chirrido, por @Stiby2
11 Correr, Stiby226 Chirrido, Stiby2

Nube, por @CarlosSchezBaos
19 Nube, CarlosSchezBaos

Ciego, por @Sirannonster
24 Ciego, sirannonster

Escalar, por @Manu_NTIG
27 Escalar, Manu_NTIG

 

Os dejo también un par de mis relatos. Con el de Furiosa quedé finalista <3.

 

 

Y hasta aquí puedo leer. No olvidéis pasar por los Twitter de los escritores de estos relatos :).

Con esto, me despido del #LMDEinktober. Ha sido difícil, en algunos momentos ha sido agotador, pero ha valido la pena. Muchísimas gracias a los organizadores por todo <3.

Y muchas gracias por pasaros por este blog~.

Reflejos (Relato #2 de los retos LiterUp)

Continuo fiel a mi determinación de subir un relato semanal, así que aquí está. En esta ocasión me tomé una pequeña libertad con el reto, puesto que no he escogido precisamente una novela, sino un videojuego.

Reto #18: Cambio de roles. Elige una novela e intercambia los papeles de los personajes principales con los secundarios para crear una nueva ficción.


Joy se estiró, dejando crujir sus engarrotadas articulaciones, y se sentó en uno de los sillones del Centro Pokémon. Estaba agotada. A su lado apareció su fiel ayudante, Chansey, que le llevaba una bandeja con un té.

Muchas gracias, Chansey —dijo ella. Tomó la taza y dio un sorbo, pensando en el tiempo que todavía le quedaba de trabajo para aquel día. Trabajar como enfermera pokémon era gratificante, pero también agotador. El Centro Pokémon siempre permanecía abierto para atender las emergencias de los entrenadores, que llevaban al límite a sus pokémon en combate.

¡Enfermera Joy! —escuchó entonces el grito de un entrenador y supo, al momento, que su instante de paz había terminado. Un niño con una gorra y un pikachu en los brazos acababa de entrar corriendo en el edificio—. Por favor, ayúdeme, es mi pikachu.

Joy se levantó y guió al entrenador y a su cansado pokémon hacia la zona de recuperación. Todavía tenía mucho trabajo que hacer antes de poder descansar.

 

Aquella noche, Joy se dirigió a la cocina antes de ir a dormir, con la intención de prepararse una infusión caliente que la ayudase a conciliar el sueño. Pocos entrenadores lo sabían, o les importaba siquiera, pero en el mismo Centro Pokémon se encontraba el hogar de la enfermera Joy.

Ojalá hubiera estudiado otra cosa —se dijo. Aquella noche era una de esas noches de desánimo y cansancio, en las que todo parece negro—. Podría haber sido arquitecta o pianista, o tal vez haberme dedicado a entrenar pokémon.

Sacó de un armario un pequeño tarro y lo abrió, accediendo así a las bolsitas de manzanilla que en él guardaba. Puso una en una taza y la llenó con agua, siguiendo unos pasos cotidianamente mecánicos.

Pensándolo bien, no recordaba muy bien cómo había decidido convertirse en enfermera. Era cierto que las mujeres en su familia se dedicaban a curar pokémon desde hacía generaciones y, probablemente, toda esa presión familiar había influido en su decisión. Y, a pesar de todo, seguía sin poder recordar con claridad los motivos que la habían llevado a tomar ciertas decisiones en su vida.

Mientras esperaba a que el agua se calentase en el microondas, Joy recordó su época de estudiante. Recordaba con cariño aquella época de juventud. En la facultad, sus mejores amigas habían sido también sus primas, que estudiaban junto a ella.

Trató de hacer memoria. En realidad, por mucho que se esforzase en recordar, no podía invocar la imagen de alguien que no fuera exactamente igual que ella. Pero aquello era una locura, debía de haber cientos de estudiantes en la facultad. Forzó sus recuerdos un poco más, tratando de recordar algún compañero, pero todo lo que veía eran rostros idénticos al suyo.

No puede ser —se dijo, con una pequeña risa. Estaba exagerando, simplemente estaba cansada. Y, sin embargo, no podía quitarse ese sentimiento de intranquilidad que la invadía. Ahora que lo pensaba, todos los Centros Pokémon que conocía estaban regentados por otra de sus parientes, otra mujer con rasgos idénticos a los de ella. ¿Acaso era normal?

La visión de una brillante luz blanca la hizo abandonar ese hilo de pensamientos. Estaba cansada, debía ir a dormir. Mañana sería otro día de trabajo.

Se encaminó a su habitación y se metió bajo las sábanas.

 

¿Era necesario? Cada vez que reinicias a una Joy me paso días reprogramándola —se quejó. Su compañero de laboratorio la miró.

Era peligrosa. Podría haberlo descubierto —dijo sin más.

Ella suspiró. Supuso que su compañero tendría razón, pero no le hacía gracia el despilfarro de recursos en resetear a las enfermeras Joy. Pulsó un botón y dio la orden para comenzar el procedimiento: ningún entrenador notaría ninguna diferencia y todo seguiría girando como siempre.

Ser mujer y escritora #LeoAutorasOct

Saludos, bienvenidxs de nuevo a mi blog. Quizá os estéis preguntando a qué viene el título de este post (o quizá no, porque dudo que haya alguien que no se haya enterado todavía de la iniciativa que menciono).

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La iniciativa #LeoAutorasOct consiste en, exactamente, lo que sugiere su nombre: en dedicar el mes de octubre a leer exclusivamente autoras. ¿Por qué hacer esto? Pues porque no vivimos en el mundo de la piruleta, vivimos en un mundo donde la invisibilización de ciertos colectivos existe, y uno de esos colectivos somos las mujeres. Para muestra un botón, os invito a echar un vistazo a este hilo de Iria G. Parente en el que analiza la presencia de autoras en las librerías.

De manera que, si las librerías no nos recomiendan, habrá que recomendarse entre lectorxs. Y eso es lo que consigue esta iniciativa tan bonita: si buscáis en las entradas de blogs que colaboran con este proyecto, encontraréis todo tipo de recomendaciones, ideas, listas… Suficiente como para encontrar algún libro que os enamore.

Así que yo también he querido poner mi granito de arena. Aunque mis limitaciones en tiempo y recursos a la hora de escoger libros están presentes, os dejo la pequeña lista que he terminado por hacerme.


Horizonte Rojo, de Rocío Vega
La mano izquierda de la oscuridad, de Úrsula K. LeGuin
Asesinato en el Orient Express, de Agatha Christie
La casa de los mil pasillos, de Diana Wynne Jones
Starters, de Lissa Price
Los crímenes del monograma, de Sophie Hannah
Una habitación propia, de Virginia Woolf
El color de los sueños, de Ruta Sepetys


Por último, quisiera recomendaros dos libros que me han encantado.


laflordefuego
La flor de fuego, de Alba Quintas

Narra la historia de Columbine, un hecho real ocurrido en un instituto de EEUU en el que dos alumnos entraron al centro portando armas y asesinaron a varios de sus compañeros.

9788416256433


Heima es hogar en islandés
, de Laia Soler

Laura es una adolescente normal, con una vida aparentemente normal. Sin embargo, diversos problemas personales la llevan a huir tomando el primer avión que encuentra, y esto la llevará a un mágico viaje por Islandia.


¿Y vosotrxs, pensáis participar en la iniciativa? ¿Qué libros vais a leer este octubre?Muchas gracias por leerme, hasta otra.

Un poder sin nombre (Relato #1 de los retos LiterUp)

Aquí traigo, como prometí, el primero de los relatos que iré escribiendo por el reto LiterUp. Me siento bastante satisfecha de, simplemente, haber retomado el hábito de escribir. Mi prioridad ahora es la constancia, pero espero que os agrade el resultado.

Reto #5: Usa la frase: “En el oeste se encontraban las ciudades de los muertos” para hacer una composición creativa.


En el oeste se encontraban las ciudades de los muertos. La vasta extensión de verde prado parecía ennegrecer de pronto en aquel punto del horizonte. O quizá era tan solo su imaginación, otorgando a aquel camino un siniestro aspecto, a sabiendas de lo que esperaba si recorría sus viejas sendas. Pese a todo, Elía puso un pie en marcha; luego, el otro, dirigiendo sus pasos hacia aquellas tierras yermas.

La vegetación se fue tornando escasa a medida que avanzaba; el viento, antaño fresco y tranquilo, parecía ahora guardar un susurro inquieto que viajaba alzando polvo y ceniza a su paso. La temperatura no era baja, pero, a pesar de ello, un escalofrío se instauró en la mujer, erizando los vellos de sus brazos y de su nuca.

Elía nunca se había considerado una persona temerosa, pero, pese a ello, uno no se adentra en las ciudades de los muertos así como así.

Son viejas leyendas, pensó, no hay nada más que polvo y ruinas en aquel lugar. Únicamente los recuerdos de una vieja tierra que fue próspera antaño, hasta que la muerte la consumió.

Era cierto, pero había una parte inquietante en aquella historia. Y era que nadie sabía con exactitud qué era lo que había acabado con varias ciudades y sus habitantes en un abrir y cerrar de ojos, provocando que el miedo y la superstición se extendieran en las ciudades próximas y nadie se atreviera a visitar aquel lugar.

Bueno, nadie, salvo Elía. Se avecinaban tiempos de cambio y su Majestad le había confiado las palabras de los grandes sabios y sabias de la región: «En la ciudad de los muertos subyace un poder sin nombre». Elía se preguntaba si no era más bien una advertencia, pero la reina era lo suficientemente codiciosa como para mandarla marchar en busca de semejante poder.

Pronto se encontró bajo el arco de piedra que antaño fuera el portón de la muralla exterior de la ciudad. Elía dio un paso y se adentró entre las ruinas de piedra rodeadas de niebla fantasmal.

El silencio mantenía la antigua ciudad en calma, únicamente rota por los pasos de la mujer. Aquí y allá no parecía haber otra cosa que edificios destruidos y calles abandonadas. Elía suspiró, había sido ridículo ceder a las historias sin fundamento, allí no había más que desolación.

Hasta que escuchó el primer susurro.

Márchate.

Un escalofrío la recorrió, mientras se llevaba la mano instintivamente a la nuca. El frío aire se había alzado llevando con él un susurro que no salía de ninguna parte, pues no se percibía ninguna presencia alrededor.

Mientras se convencía de que había sido únicamente un producto de su alterada imaginación, Elía se adentró entre las callejuelas y rincones de la taciturna ciudad. Sin embargo, aquí y allá, sin importar a dónde dirigiese la mirada, únicamente percibía ruinas y miseria.

Desanimada y sin saber bien qué buscaba, llegó a la antigua plaza central. La antigua gloria del lugar se hallaba lapidada bajo escombros y polvo, lo que había sido una fastuosa fuente convertido en un conjunto de piedras resquebrajadas.

Todos morimos.

El repentino susurro volvió a sobresaltarla. Elía miró en derredor, pero era evidente que estaba sola.

No hay nada aquí, más que muerte. Regresa.

El viento llevó el último susurró a los oídos de Elía y volvió a reposar, mientras ella contenía la respiración. Solo muerte.

Estaba de acuerdo. Nada parecía haber en aquel lugar salvo desolación y muerte. Debía regresar, olvidar aquella empresa absurda y volver a la calidez de su ciudad y de su hogar. Y, sin embargo, en aquel momento se preguntó: ¿qué le diré a su Majestad cuando regrese? ¿Que un susurro espectral me recomendó que cejara en mi misión y huyera?

Decididamente, no podía regresar con semejante excusa. Ya no había vuelta atrás para ella.

Avanzó a su pesar, sintiendo sus pasos revolver el aire en una muda súplica. Pero no hubo más mensajes de voces fantasmales, solo la visión de una escalera de piedra allá donde habría debido alzarse la fuente, una escalera que se internaba en la tierra, bajo la ciudad.

Elía tomó aire y se adentró a través de los escalones de piedra, oyendo sus pasos resonar en el silencio. La escalera se curvaba realizando un recorrido circular, pero no pasó mucho hasta que las paredes de piedra comenzaron a ensanchar y una amplia sala apareció intuida al final del camino.

Elía bajó el último escalón y esperó a que sus ojos se habituaran a la profunda oscuridad que invadía la sala. Y, cuando lo hicieron, sintió que su sangre se helaba, pues se hallaba contemplando unos enormes ojos de un intenso color anaranjado.

Allá abajo dormitaba un poder sin nombre, de eso no cabía duda. Una criatura más antigua que la misma humanidad. De negras escamas y grandes garras, la criatura se movió mostrando cuatro grandes alas a su espalda, provocando que la oscuridad se arremolinara a su alrededor. Observaba a Elía y, por algún motivo, pareció satisfecha. Satisfecha con la constatación de que todavía existían humanos en otras ciudades, en otros lugares alejados de aquel paraje.

Lo hemos despertado, pensó Elía. Y antes de morir supo que aquel era el fin de todo cuanto había conocido.

Reto LiterUp: 52 relatos

Bienvenidxs a Palabras de Tinta, este pequeño cajón de sastre para mí. Voy a comenzar la aventura de llevar este blog con la ayuda de LiterUp y sus retos literarios, que os invito a ojear en su blog.

El reto de los 52 relatos consiste, en principio, en escribir un relato a la semana durante todo el año 2017. Pero, como podéis ver, llego un poco tarde para eso. De manera que escribiré uno por cada semana de aquí a fin de año, lo que, si no me equivoco, resultará en 16 relatos, con aquellos retos que más me llamen la atención de entre los 52.

En este post recopilaré todos los relatos que escriba a medida que los vaya publicando.


Relatos recopilados

  1. Un poder sin nombre (Reto: Usa la frase: “En el oeste se encontraban las ciudades de los muertos” para hacer una composición creativa.)

 

Gracias por leer.